Singapore II

August 4, 2008 - Singapore, Singapore

Suite et fin de Singapour

J’ai passé la journée du samedi sur des charbons ardents en pensant à l’arrivée imminente de mon frérot. Comme nous nous sentions particulièrement flemmards ce jour-là et qu’en plus nous devions changer d´hôtel (faute de prevision nous prenions les lits au jour le jour et nous nous sommes retrouvés le bec dans l’eau pour ce jour-là…) nous avons passé la plupart de la journée à ne pas faire grand chose…traîner à l’hôtel, être sur internet, lire…à la cool quoi… Nous avons aussi fait la connaissance d’un couple d’Anglais très sympas qui partageait notre nouveau dortoir. Drew et Felicity (qu’il faut appeller Flick) avec qui nous avons fini par sympathiser suffisamment pour voyager un peu avec eux vers le Nord. Bref, donc, on avait encore quelques heures avant de retrouver mon frère et nous avons decide d’aller nous ballader au Jardin Botanique. Superbe ! C’est un parc immense en plein coeur de la ville, avec une vegetation digne de la forêt vierge qui devait se trouver là avant l’arrivée de bulldozers et des gratte-ciels. Après environ 2 heures passées à déambuler dans le parc nous sommes rentrés tranquillement pour nous disposer à attendre le retour de l’enfant prodigue...qui s’est fait attendre et attendre et attendre. Ou du moins c’est l’impression que ça donnait vu de mon tabouret de bar à siroter une bière en l’attendant. Finalement, n’y tenant plus nous sommes allés patienter à la station de metro. Quelques minutes plus tard, des retrouvailles dignes de ce nom, larmichette à l’oeil comprise ! Le lendemain, nous avons trainé en ville, histoire de voir 2-3 trucs avant de quitter Singapour pour la Malaysie…Little India, Chinatown…les classiques, quoi…c’était la journée de retrouvailles alors on a fait marcher beaucoup nos langues et nos pieds. Qu’est ce qu’on a pu tchatcher ce jour là, à croire qu’on pourrait jamais s’arrêter… Lundi, au lieu de partir vers la Malaysie, comme prévu, nous avons décidé de nous faire un peu de fric et d’aller en même temps visiter l’Opéra de Singapour...comment? eh bien en étant figurants dans une pub pour la TV indienne. Oui oui. Nous sommes partis avec Drew et Flick et nous avons passé la plus grosse partie de la journée à faire les cakes dans l’Opéra. Faire les cakes ça veut dire faire semblant d’être un public super enthousiaste lors d’une cérémonie de remise de prix de la musique pendant qu’un mec en pyjama (sauf que c’était l´habit traditionnel indien) gobait des pastilles de menthe (ou leur equivalent indien) pour se faire l’haleine fraîche…on a bien rigolé, on nous a donné à manger, on a vu l’Opéra de dedans et de dehors et on a gagné 120 dolars singapouriens (ce qui en Malaysie nous permet de vivre une semaine…). Ensuite nous avons été voir le Merlion, une statue assez symbolique de Singapour. On a fini notre petit tour touristique et on est renters à l´hôtel. On a bouffé dans une ruelle un reste de riz cantonnais, parce qu’ils voulaient pas nous laisser manger des aliments achetés à l’extérieur à notre hotel…bref, que des bons plans !

Ultimos días en Singapur

Vamos a ver, dejemos claro esto desde el principio. Como todos sabemos, mi vena es más la cientifíca que la literaria, asi que no voy ni por un momento a tratar de mantener la productividad y la calidad líricas de Math. Lo digo por todos aquellos que tengan que descender con la ruedecita del ratón durante dos minutos para pasar la parte francesa, entusiasmarse con todo lo que van a poder leer de nuestras aventuras para luego llegar a los dos párrafos, si llega, en español y llevarse una desilusión tras otra. Desde luego, para los asiduos, espero que haya alguno, será un entrenamiento excepcional para el dedo índice. jejeje

El viernes 1 de Agosto, para variar un poco de la ciudad decidimos acercarnos hasta el pueblecito pesquero y cercano de Changi (del que el aeropuerto de Singapore ha adoptado el nombre) y desde allí coger un ferri que nos llevara hasta la isla de Ubin (Palau Ubin). Resulta que el trayecto no es mas que de apenas quince minutos y de no mas de 3 o 4 millas y el “ferri” que lo recorre no es mas que una barca techada de los años 50 o 60 a motor (gracias a Dios) y con un piloto de los años 30 o 40 (o que el tiempo le ha tratado muy mal), un chino (creo) irsuto como él sólo y con toda la pinta de lobo de mar, o de “ferri” que podiamos esperar. Hacia las tres de la tarde, y tras nuestro glorioso desembarco saltando de barca en barca hasta el muelle, alquilamos un par de bicis para darnos una vueltecita por allí. Teníamos tres horas antes de la partida del último “ferri” de vuelta a Singapur. Tengo que remarcar que el susodicho “ferri” sólo zarpaba a discrección del piloto, sin horario establecido ninguno y sólo cuando hubiera al menos 12 pasajeros que hicieran rentable el negocio, si no, a dormir en la isla. Las tres horas fueron mas que suficientes bajo el bochorno no de los treinta y tantos grados, pero de la acción combinada del calor y la humedad de cerca del 95%. La isla, uno de los últimos lugares prácticamente vírgenes de Singapur, esta cubierta casi en su totalidad de selva o bosque humedo, con algunos lagos entre medias y fauna que varía desde el cerdo salvaje a los lagartos de cuarenta o cinuenta centímetros y toda clase de pájaros exóticos. Podemos considerarnos afortunados de haber visto los cerdos salvajes, porque al parecer son bastante escurridizos. Una sorpresa agridulce para mi fué el descubrimiento de una estación de mountain bike señalizada y todo como las pistas de esqui en Estados Unidos, verdes, azules, uno y dos rombos negros. Cómo eché de menos mi querida bici Specialiced. La verdad es que fueron una tarde y un paseo en bici muy agradables.

El sábado pasado fué el dia que nos encontrabamos con Antoine pero su llegada a Singapur no estaba prevista hasta las ocho y media de la tarde, así que teníamos todo el día para pasearnos por Singapur, otra vez. Si, por mucho que Singapur esté al otro lado del mundo y sea muy exótico, con dos dias de paseo por sus calles basta para impregnarte de su esencia, sobre todo aportada por los barrios indio (Little India) y chino (China Town). Una vez que te los has recorrido, dos o tres veces, tienes suficiente. Al fin y al cabo, por muy coloridos, exóticos y llenos de olores que sean (y os puedo decir que están llenos de olores, tanto muy buenos como muy malos), no son mas que pequeñas réplicas del correspondiente lugar auténtico. A parte de estos dos barrios más emblemáticos y del distrito financieros, con rascacielos modernos, la opera y edificios de oficinas, el resto es una mezca un poco ecléctica que rellena el terreno entre ellos. No me entendais mal. No quiero decir con esto que Singapur no me haya gustado. Lo único que quiero decir es que con dos días o tres era mas que suficiente.
Una cosa que quiero también remarcar es la diversidad étnica, cultural y religiosa de la ciudad. Es una de las cosas que más me ha gustado y creo que tenemos mucho camino por delante en España en particular y en muchos paises europeos en general. Es muy curioso pasear por la calle y ver templos de distintas religiones uno al lado del otro, con las puertas completamente abiertas cada uno haciendo sus oraciones y ritos con la gente devotos o turistas entrando y saliendo constantemente y sin importar que los sonidos y olores del templo vecino entorpezcan el curso de los acontecimientos en el templo en cuestión. En la misma calle casi puerta con puerta te puedes encontrar templos budistas, hidues, musulmanes... etc. Imagino que así era la España de hace quinientos años antes de que expulsaramos a los árabes y los judíos que no quisieron convertirse. Personalmente, y con el beneficio del tiempo a mi favor, creo que fué un grave error, pero vamos, medidas tán drásticas como esa no han deparado muy buenos frutos nunca, y si no, a la historia me remito.

Esto da una idea de las ganas que teníamos de que llegara Antoine, darnos otro paseo con él por los susodichos barrios y comenzar el camino hacia Malasia. Así que el sábado nos lo tomamos con calma, primero nos tuvimos que cambiar de hostal (el primero fué el Inncrowd, que estaba bastante bien) puesto que nuestra falta de planificación e imagino que nuestros pequeños errores de principiante nos hicieron quedarnos sin habitación para esa noche. Afortunadamente había habitación en el hostal de enfrente (The Prince of Wales), asi que el cambio no fue muy drástico, aunque si a peor, casi te cobraban por respirar, pero no nos vamos a quejar... Después del cambio de hostal y tras comer y un poco de internet nos fuimos a dar un paseo de unas dos horas por el jardín botánico, gratuito y muy bonito.

En fin, llegado Antoine a Singapur y tras las respectivas lagrimillas propias de los reencuentros familiares tras largo tiempo de ausencia, nos fuimos a dormir y el Domingo lo dedicamos a pasear a Antoine por Little India y China Town y algunos templos que nosotros no habíamos visto. Al llegar al hostal y completamente decididos a irnos a Malasia al día siguiente, Drew y Felicity (Flick para los amigos), que conocimos unas horas antes en el hostal y compañeros de habitación nos dijeron que ellos iban al día siguiente a hacer de extras para una ceremonia de entrega de premios musicales indios y que estaban buscando gente blanca o “caucasica”que es más politicamente correcto, porque querían un público cosmopolita. En principio pagaban 100 dólares de Singapur mas comida por ir de 9 a 2. Esto nos permitiría conocer la ópera por dentro y vivir una semana cada uno en Malasia por ese dinero, asi que nos apuntamos. Bueno, la ceremonia, que no era mas que un montaje con cuatro perros se alargó hasta las 5 de la tarde, con lo que nos pagaron 120 dólares y con lo que sobró de la comida nos hicimos un pequeño paquetito que nos comimos como cena en una callecilla detrás del hostal. Los 120 dólares no son mucho comparado con lo que ganaba anteriormente, pero menos da una piedra, ¿y nos van a permitir vivir una semana en Malasia!, así que bienvenidos sean.

En fin, que al día siguiente, Martes 5, salimos escopetados de Singapur junto con Drew y Flick. Cogimos la ruta del Oeste hacia Kuala Lumpur y nos paramos a pasar la noche en Melaka. Nuestras aventuras en Malasia os las contaremos en el próximo episodio, pero despues de dos horas delante del ordenador para redactar todo esto ya os puedo decir que será bastante mas escueto. Sobre todo que mientras yo escribo esto Antoine, Mathilde y Flick se han visto la peli de “Diarios de una motocicleta” en el hostal y Drew se ha ido a dar una vuelta en bici. Ademas, el hecho de haberme leido el libro del que trata la peli (el viaje que impulsó al Ché Guevara a iniciar la revolución) y que no son mas que notas sobre sus impresiones durante su viaje de los lugares que visitó me hacen pensar que mas vale escribir menos, solo lo esencial, y vivir más, así que lo siento chicos, pero tendreis que conformaros con los dos o tres párrafos con los que comencé...

 


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