Pondichery es la típica ciudad colonial tal y como nos la imaginamos o tal y como se la imaginan por nosostros en las películas. En este caso, capital de la colonia francesa en la India, Uno de los gobernadores aprovechó para reconstruir la ciudad delimitando claramente dos zonas; la ciudad blanca, con grandes calles, arquitectura francesa con casas que no desentonarían en ciertas partes de la madre patria, un parque y a orillas del mar y la ciudad negra, con calles más estrechas y caóticas. Las dos ciudades separadas por un canal y una gran avenida rodeándolas, una especie de M30 de hace un par de siglos. No creo que haga falta que os especifique quien habitaba cual.
Hay que reconocer que la ciudad tiene su encanto, un gran paseo al borde del mar (no hay playa, sólo un rompeolas) y una atmósfera mucho más relajada que en otras ciudades de la India, sobre todo en la “ciudad blanca”.
Nuestra visita a la ciudad se limitó a visitar la catedral, el templo budista con el elefante a la entrada bendiciendo a los fieles y a pasearnos tranquilamente disfrutando de un poco de paz y ambiente relajado.
Kumbakonam
Llegar a Kumbakonam desde Pondichery se presentó un poco más complicado de lo que teníamos en mente, pero un poco de tesón y paciencia de vez en cuando hacen milagros. Paciencia sobre todo cuando en uno de los autobuses locales que tuvimos que coger, un viejecito muy simpático que no hablaba ni papa de inglés se puso a meterme mano. Todo sonrisas y buena fé, lo que empezó como algo gracioso, el viejecito que se agarra a la rodilla porque le dan miedo las curvas, terminó por un pulso sostenido en el cual él iba subiendo su mano con cada curva y yo iba empujando su brazo con cada acelerón. Aun así, mi buena fé le permitió llegar hasta bien entrada la ingle. Gracias a Dios, ese fue el trayecto más corto, sólo veinte minutos.
Cuando llegamos por fin a Kumbakonam, cometí el error de no mirar bien la habitación del hostal a la hora de elegirlo y el resultado fue que por un lado, perdí (voluntariamente) el derecho a inspeccionar los hostales al llegar a una nueva ciudad y por otro lado nos pusimos las pilas y en un dia visitamos todo lo que teniamos planeado visitar en dos. La verdad es que fue bastante divertido, porque usando Kumbakonam como base, mediante más autobuses locales, nos acercamos a dos ciudades próximas, Gangaikondacholapuram y Darasuram, en las que hay varios templos bastante antiguos por ver (los distinguiréis en las fotos porque son de piedra desnuda, es decir, han perdido los colores con el paso del tiempo). Ni que decir tiene que nos hicimos muchos amigos en sendos autobuses y templos. Todo el mundo quiere hablar y hacerse fotos contigo y darte la mano. En los ratos libres que nos quedaron por la noche y la mañana del último día, visitamos los varios templos de Kumbakonam en si, más modernos como muestran los colores de sus torres (nuestra guía dice que parecen de Disneyworld, pero yo los describiría más bien como folklóricos). Lo más destacable de la visita a estos templos fue la bendición elefantil que recibimos (primero yo y luego Math tras vencer sus reticencias a la baba de elefante y al posible trompazo) y la visita guiada que nos dio el loco del pueblo de uno de los templos en los que en ese momento se estaba desarrollando una ceremonia con música, cantos y demás.
